"La cultura europea adora al Estado porque está empapada de altruismo y auto-sacrificio y de la idea que el hombre debe existir por otros, y por lo tanto el mayor honor con que un europeo puede soñar es servir al Estado, o ser recompensado por el Estado. El Estado siempre es considerado como un ser casi sobrenatural, y el europeo es sólo un siervo.
"En América es exactamente lo contrario."