Religión contra Moralidad

Artículo original deHarry Binswanger, profesor de filosofía en el Centro Académico Objectivista del Ayn Rand Institute.
el 16 de julio de 2010
Traducido, editado y publicado con permiso del autor
Yogi Berra estaba equivocado. Supuestamente dijo: "En teoría no hay diferencia entre
teoría y práctica. En la práctica sí la hay". Pero cuando se trata de religión y de moralidad,
como en cualquier otro tema, la práctica confirma la teoría.
En su teoría más esencial, la religión es
anti-moralidad. La moralidad depende de tres cosas fundamentales:
vida, elección, y razón. La
vida como el valor final de cada uno; la
posibilidad de elegir como lo que hace posible y necesaria una guía moral; y la
razón como el medio básico de supervivencia de cada uno, y como la facultad que nos permite definir, entender y aplicar los principios
morales que guían nuestras acciones.
La religión niega las tres. La vida
es negada en favor de una vida de ultratumba; la elecciónes negada
por las doctrinas de la gracia, la predestinación y la impotencia general del
hombre en este "valle de lágrimas"; la razón es
negada por la fe.
Si la religión fuera verdad, no habría ni honor,
ni responsabilidad individual, ni autodisciplina racional, ni orgullo, ni ninguna razón para ser moral (aparte del temor de ser atrapado por el Ser
Incomprensible). En la religión, la moralidad es sustituída por el miedo
a la obediencia a los caprichos de un tirano amoral. (¿Que si realmente quise decir "caprichos"? Lee el libro de
Job).
En la práctica, la evidencia más reciente es el alboroto
que ha causado Mel Gibson blandiendo armas de fuego, el mismo que nos trajo "La Pasión de Cristo". La portada
del New York Post de hoy dice así: "Querida
amiga: Un rabioso Mel me está
apuntando con un arma", al lado de una foto de Gibson con un titular aún mayor: "Loco letal".
Un emocionalista como Gibson necesita una doctrina
que niegue la ley de causa y efecto, relaje las "limitaciones" de la razón, y
ofrezca un perdón inexplicable y "milagroso". En
resumen, si quieres actuar como un verdadero drogadicto, la religión es lo tuyo.
Otros ejemplos abundan: los sacerdotes que han
cometido los delitos sexuales más repugnantes contra niños; los funcionarios de
la iglesia que han luchado durante décadas para encubrir esos delitos; los
cementerios comunes secretos en conventos
medievales donde están enterrados los niños de las monjas que engañaban
a su "esposo" Jesús; los cristianos nazis; el Papa que hizo un trato
con Hitler; los yihadistas islámicos que visitaron clubs de strip-tease
la noche antes de estrellarse contra el World Trade Center, etc.
La religión está diseñada para hacer imposible la responsabilidad moral, y ése es su atractivo para mucha gente. La religión
le añade "glamour" al mal, tentando a los hombres, diciéndoles que en este
mundo beber, mentir y ser
promiscuo es lo práctico y lo que les interesa, pero que un Invisible-que-todo-lo-ve los castigará si
comen esa fruta prohibida, jugosa, madura y deliciosa.
En una de las conferencias de Objetivismo hace muchos
años, alguien hizo una excelente observación acerca de cómo el altruismo y la
religión hacen el mal más atractivo. El conferenciante observó
que las revistas pornográficas a menudo usan títulos como "Satanás" para
atraer a los compradores.¿Te puedes imaginar, preguntó, si hubiera una cultura
Objetivista, con los conceptos Objetivistas del bien y del mal, y alguien
intentara vender una revista "prohibida" con el título de Wesley Mouch [uno de
los personajes malvados de La Rebelión de
Atlas]?
La religión hace que el mal – la maldad real – resplandezca. Habiendo
descartado la razón, el mal reduce al hombre al nivel de un animal, donde el
impulso del momento es todo de lo que es consciente, salvo en la medida en que pueda forzarse
a imaginar (es decir, pueda usar la "fe") que su alma se enfrentará a la condenación
décadas más tarde, después de su muerte.
Pero por la lógica
de lo ilógico, no hay manera de saber cuándo un Ser Incognoscible va a querer
tu presencia. Tal vez en las puertas del Cielo no sea San Pedro sino el
Marqués de Sade quien juzgue lo que cada uno vaya a hacer durante la eternidad.
Ese es el otro
significado de la "apuesta de Pascal", un significado que nadie quiere reconocer: si no hay evidencia racional sobre Dios, el Cielo y el
Infierno, entonces no hay manera de saber si es siquiera probable
que el pecado vaya a ser castigado en
vez de ignorado o incluso premiado. Para lo
desconocido sólo existen esas tres posibilidades, y por el razonamiento de
Pascal deberíamos asignarle una probabilidad de un tercio a cada una – y eso significa
que hay dos terceras partes de probabilidad de que el pecado no sea castigado.
Añádele a eso el hecho de que incluso las
doctrinas que hablan de qué es pecado y qué no lo es están en el aire, y que la
religión no le da a quien quiera arriesgarse ni siquiera un incentivo a vivir respetando
un conjunto específico de "mandamientos": (¿Debes comer carne los
viernes? ¿Abstenerte de consumir alcohol y de bailar? ¿Bautizar
por inmersión? ¿Adorar a los árboles?)
La religión, de
hecho, convierte a esta vida en algo tan incomprensible como la "otra" vida. Esto le aterroriza al hombre temeroso de Dios,
intensificando aún más su necesidad de "placeres" como, por ejemplo, el whisky
y las prostitutas.
La religión destruye la mente, y por eso destruye la moralidad, tanto en teoría
como en la práctica diaria.
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La religión destruye la mente. Por eso destruye la moralidad, tanto en teoría como en la práctica.

