Con motivo del terremoto en Haití han
surgido muchas discusiones sobre la evaluación moral de ayudarle al pueblo de Haití. Las
opiniones erradas van desde afirmar que es inmoral enviar dinero a ese país hasta
la idea que, según Objetivismo, habría que dejar que el país entero se pudriera.
Aprovecharemos esta situación para aclarar varios conceptos de Objetivismo, y para
ello citaremos directamente a Ayn Rand.
Mi punto de vista sobre la caridad es muy sencillo. No la
considero una virtud principal y, sobre todo, no la considero un deber moral.
No hay nada de malo en ayudar a otras personas, siempre y cuando se merezcan la
ayuda y uno pueda permitirse el ayudarles. Veo la caridad como un asunto
marginal. Estoy luchando contra la idea de que la caridad es un deber moral y
una virtud cardinal.
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El hecho de que un hombre no tiene ningún derecho sobre
los demás (es decir, que no es el deber moral de los demás ayudarle a él, y que
él no puede exigir la ayuda de ellos como su derecho), no impide ni prohibe la
buena voluntad entre los hombres ...
Es
el altruismo lo que ha corrompido y pervertido la benevolencia humana al
considerar al donante como un objeto de inmolación y al receptor como un
impotente y miserable objeto de lástima que tiene una hipoteca sobre las vidas
de otros – una doctrina que es extremadamente ofensiva para ambas partes, y que no les deja a los hombres más opción
que o el papel de víctima propiciatoria o el de caníbal moral...
Objetivismo no dice que sea inmoral
ayudarle a la gente, hacer donaciones, hacerse voluntario, dar limosnas, etc.
Ayn Rand, sin embargo, se niega a entrar en el juego del altruismo. La
perspectiva Objetivista es realmente incomprensible si empiezas con las
premisas altruistas que todos estamos programados a aceptar sin pensar:
¿Cuál es el código moral del altruismo? El principio
básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a existir por sí mismo,
que el servicio a los demás es la única justificación de su existencia, y que
sacrificarse es su principal deber, virtud y valor moral.
El
sacrificio, por definición, exige renunciar a lo que valoras a cambio de lo que
no valoras. Ayn Rand se opone al auto-sacrificio, porque como ideal filosófico reduce
la vida del individuo a una muerte lenta y dolorosa:
Para alcanzar la virtud del sacrificio debes querer
vivir, debes amar, debes arder con pasión por este mundo y por todo el
esplendor que puede darte – debes sentir cómo se retuerce cada cuchillo
mientras desuella tus deseos fuera de tu alcance y desangra el amor de tu
cuerpo. No es sólo la muerte lo que la moralidad del sacrificio te presenta
como un ideal, sino la muerte por tortura lenta.
Así
pues, para un Objetivista, ayudarle al pueblo de Haití es inmoral si uno lo
hace por auto-sacrificio.
No te escondas tras superficialidades como si deberías
darle una moneda a un mendigo o no. Esa no es la cuestión. La cuestión es si
tienes o no derecho a
existir sin
dársela. La cuestión es si tienes que seguir
comprando tu vida, centavo a centavo, de cualquier mendigo que decida
aproximarse a ti.
¿Tú
existes con el fin de reconstruir Haití, de ayudar en Nueva Orleans, de pagar los
altísimos costos para cuidar de la salud de otros, para subsidiar a los
agricultores, a los lecheros, a los que compran coches, a las escuelas que enseñan cosas con las que no estás de acuerdo, para pagar el préstamo de un extraño al
que nunca se lo deberían haber concedido...? ¿Es el único objetivo de tu vida
pagar esas deudas de la "sociedad" como un esclavo que lo "debe"? ¿Estás
enviando dinero a Haití porque sientes que es tu obligación hacerlo?
La cuestión es si la necesidad de otros es la primera
hipoteca sobre su vida y el propósito moral de tu existencia. La cuestión es si
el hombre debe ser considerado como un animal a ser sacrificado. Cualquier
hombre de autoestima responderá: "No." El altruismo dice: "Sí".
Así que, si le ayudas al pueblo de Haití, ¿lo haces por
la obligación que tienes de auto-sacrificarte – o lo haces porque los valoras y los consideras dignos de su ayuda? Si estás de acuerdo con Ayn Rand, no puedes hacer ambas cosas a la vez.
Como medida básica de autoestima, aprende a tratar como la marca de un caníbal a la demanda de cualquier hombre por tu ayuda. Demandarla es clamar que tu vida es su propiedad – y por más odioso que pueda ser ese clamar, hay algo más odioso aún: tu consentimiento. ¿Preguntas si alguna vez es apropiado el ayudarle a otro hombre? No – si lo reclama como su derecho o como el deber moral que le debes. Sí – si tal es tu deseo, basado en tu propio placer egoísta y en el valor de su persona y de su lucha.
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[Citas: "Entrevista en la revista
Playboy" Marzo 1964; "La cuestión de Becas," El Objetivista,
junio de 1966; "El discurso de Galt", La Rebelión de Atlas.]