Haití, Chile y Grecia nos muestran qué es lo que convierte una Adversidad en una Catástrofe



El tremendo terremoto en Chile ha generado algunas comparaciones muy interesantes (y políticamente incorrectas) con el desastre en Haití, donde un terremoto mucho menor causó muchas más víctimas.
Eso es políticamente incorrecto porque supuestamente debemos pensar en las naciones pobres – lo que solíamos llamar el Tercer Mundo – como víctimas del imperialismo y la explotación capitalista occidental, sin ninguna responsabilidad por su propio destino. Eso es especialmente cierto cuando un país sufre un desastre natural como un terremoto, que los haitianos obviamente no causaron sobre sí mismos.

Pero el ejemplo de Chile nos muestra que no es la naturaleza la que causa los mayores desastres en un país.
Los mayores desastres son, usando una frase célebre, causados por el hombre. Son causados por un fallo en la economía, un fallo en el gobierno, y, en su raíz, por un fallo en las ideas. O para decirlo en términos más positivos, la capacidad de sobrevivir y recuperarse de terremotos y de cualquier otra adversidad natural es un logro posible sólo si se escogen las ideas correctas con relación al gobierno y a la economía.

Un escritor de ficción no podría haber elegido un ejemplo más dramático que el terremoto de Chile (8,8 en la escala de Richter), uno de los más poderosos jamás registrado. Bret Stephens de The Wall Street Journal pone este número en perspectiva.

                        La magnitud de los terremotos se mide en escala logarítmica.
                        El terremoto que sacudió Northridge [California] en 1994, midió
                        6,7 en la escala de Richter, pero la energía sísmica que produjo
                        fue sólo la mitad de la del seísmo de 7.0 que afectó a Haití en
                        enero, que fue lo equivalente a 2.000 bombas como la de 
                        Hiroshima explotando todas a la vez. En comparación, el 
                        terremoto del sábado en Chile fue de 8,8, casi 500 veces más
                        potente que el de Haití, o aproximadamente un millón de 
                        Hiroshimas.

En el mundo de los terremotos, 8,8 es el apocalipsis. Excepto que no lo fue, no para Chile. Parece que menos de mil personas han muerto en el terremoto de Chile, comparado con más de 200.000 vidas cobradas en Haití. La razón de esa tasa de supervivencia mucho más alta de Chile es simple: la mayor riqueza producida por una sociedad que se rige por un mercado libre y un estado de derecho. Stephens nos recuerda parte de la historia:

                         En 1973, año en que el gobierno proto-chavista [o sea, dictatorial
                         socialista] de Salvador Allende fue derrocado por el general
                         Augusto Pinochet, Chile era un desastre económico. La inflación
                         superaba un nivel anual del 1000%, las reservas en divisas 
                         estaban totalmente agotadas, y el PIB per cápita era 
                         aproximadamente el de Perú y estaba muy por debajo del de 
                         Argentina ....

A continuación Stephens describe una reunión en 1975 con Milton Friedman que hizo que Pinochet siguiera un plan económico a favor del libre mercado elaborado por economistas de la Universidad de Chicago. Los resultados:

                          En 1990, el año que Pinochet cedió el poder, el PIB per cápita
                          había aumentado en un 40% (en dólares de 2005), mientras que
                          Perú y Argentina se estancaban.Los sucesores democráticos de
                          Pinochet – todos ellos nominalmente a la izquierda del centro –
                          sólo progresaron en el camino a la liberalización.Resultado: los
                          chilenos se han convertido en las personas más ricas de América
                          del Sur.Tienen el nivel de corrupción más bajo del continente, la
                          menor tasa de mortalidad infantil, y el menor número de personas
                          que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Chile también tiene algunas de las normas de construcción más estrictas del mundo. Eso tiene sentido para un país que está a caballo entre dos enormes placas tectónicas. Pero tener los códigos es una cosa, hacerlos cumplir es otra. La calidad y la consistencia de su implementación están típicamente correlacionadas con la riqueza de los países. Cuanto más pobre un país, más probable es que la gente escatime en barras de acero, o use hormigón de peor calidad, o mienta sobre su cumplimiento de las normas.

En otras palabras, tener códigos de construcción no es lo importante; lo importante es ser capaz de permitirse la construcción de acuerdo con las normas de seguridad. Y por supuesto, un mayor nivel de riqueza significa que Chile tiene la infraestructura y las reservas financieras para proporcionarle ayuda a las personas que no tienen casa y necesitan ayuda como resultado del terremoto.

En resumen, todas las cosas que hacen que la vida sea mejor en Chile en los buenos tiempos, son las que hacen la diferencia entre la vida y la muerte en una emergencia. Por eso, a pesar de que el terremoto de Chile fue 500 veces más potente que la de Haití, fue 200 veces menos letal. Esa es la diferencia que las ideas correctas con relación al gobierno pueden tener.

Por cierto, esa es también la respuesta para los ecologistas radicales que nos dicen que estaríamos mejor viviendo con menos riqueza. Eso sólo funciona en una fantasía mística como la de James Cameron, donde la naturaleza es siempre benevolente. 
Pero en el planeta en que realmente vivimos, la tierra tiene su propias cosas que hacer en una escala tan grande que los seres humanos son irrelevantes. El desplazamiento de continentes enteros produce volcanes y terremotos; las grandes y globales pautas de circulación del aire generan tornados y huracanes; la naturaleza desencadena tormentas de nieve y olas de calor, tormentas de granizo y sequías.Y si estamos en su camino, a la tierra le da igual.

Cada uno de esos desastres específicos es raro, pero a largo plazo son inevitables, y la única protección contra ellos es la riqueza. La reconstrucción de Chile, por ejemplo, se estima que costará decenas de miles de millones de dólares. Pero Chile tiene decenas de miles de millones de dólares – su PIB en 2008 fue de 169,000 millones de dólares – y tiene acceso incluso a más dinero que el que sus propios recursos puedan proporcionar, porque los extranjeros saben que es seguro invertir allí.

El único camino para este nivel de riqueza es la libertad económica. Eso ha sido demostrado, no sólo en Chile, sino en todo el mundo. La riqueza y la libertad no les salvará a todos: no podría haber protegido a las ciudades costeras de Chile que fueron aniquiladas por un tsunami de 10 metros que fue lo que causó la mayor parte de las víctimas. Pero la riqueza de Chile fue la diferencia entre una catástrofe restringida a un grupo de aldeas de pescadores, y una catástrofe desastrosa a nivel nacional.

No fue así en Haití. Allí, todo lo que hacía que la vida fuese miserable en tiempos normales – su caótico gobierno y una ausencia casi total de los derechos de propiedad, con la pobreza, el estancamiento y la corrupción resultantes – hicieron que la vida fuese imposible cuando ocurrió el desastre.

Pero ni siquiera es necesario un terremoto para tener un desastre nacional, como prueba la actual crisis en Grecia. Este es un país que ha tenido su cuota de terremotos a través de los siglos, pero ahora está demostrando que un mal gobierno tiene el poder de producir su propio desastre.

La crisis griega es un microcosmos de todo lo que hay de malo con el "estado del subsidio" europeo. Los enormes impuestos y las regulaciones intrusivas desalientan la producción y la creación de riqueza – y aún así esos impuestos no son suficientes para pagar por el sistema de subsidios del gobierno, los cuales no pueden ser reducidos por causa de la presión política de los sindicatos y los grupos de activistas de izquierdas. Así que el estado del subsidio tiene que ser mantenido a través de una enorme deuda que el país ya no puede permitirse. Ahora Grecia está al borde de la quiebra y pidiéndole a Alemania que la rescate, mientras sus políticos, irresponsables, mostrando una incapacidad total para reflexionar sobre sus propias fechorías, denuncian a los alemanes como nazistas.

Grecia es un país en crisis y el único responsable son sus propias decisiones. 
Y lo más aterrador de todo es que nuestros propios dirigentes políticos – el presidente Obama y los demócratas que controlan el Congreso de EE.UU. – están ocupados tomando exactamente ese mismo tipo de decisiones.

Lo que debemos comprender es que los mayores desastres del mundo no están causados por la naturaleza. 
Están causados por el hombre. Están causados por decisiones humanas y por una decisión en particular: la decisión de evadir la verdad. La verdad es que sabemos cómo alcanzar la prosperidad y de esa forma mejorar y preservar la vida humana. El registro histórico sobre esto es irrefutable: necesitamos mercados libres, libre comercio, derechos de propiedad, un estado de derecho, y un gobierno limitado – en una palabra: capitalismo. Pero el mundo se niega a aceptar este conocimiento porque choca con sus nociones preconcebidas sobre los supuestos males del "materialismo" o la "codicia desenfrenada" – frases de moda utilizadas para denunciar la producción de riqueza por parte de empresarios ambiciosos como nociva, y no como la fuente del bienestar humano que de hecho es. Y así, inventan desastres inexistentes, como el "calentamiento global", con el fin de impedir que nos demos cuenta de los enormes beneficios del capitalismo. Al hacerlo, están amenazando con dejarnos a merced de los auténticos peligros de la naturaleza.

En los tiempos que vivimos, el verdadero desastre que amenaza la vida humana es intelectual – es una falta de voluntad para ver y aprender las lecciones de la historia. Y esa es la causa que convierte una adversidad en una catástrofe.
Desastres Causados por el Hombre
Por Robert Tracinski

2-marzo-2010
Traducido y adaptado con permiso del autor. Prohibida la reproducción.
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