La ciencia moderna comenzó en el siglo XVI con la revolución copernicana. Esta revolución en Astronomía hizo posible la revolución científica del siglo siguiente, lo que a su vez hizo posible la Revolución Industrial y toda la tecnología que beneficia nuestras vidas en el mundo moderno.
A pesar de su papel histórico, la ciencia de la Astronomía ha sido ignorada en la escuela primaria. Hoy en día, la mayoría de los alumnos de la escuela secundaria no conocen los hechos básicos acerca de los movimientos observables del sol, la luna, los planetas y las estrellas, hechos que les eran familiares a los pastores de Babilonia miles de años atrás.
El contraste entre el pastor y el estudiante
moderno nos muestra claramente cuál es el problema de la educación de hoy. El
pastor había adquirido una gran cantidad de conocimientos primitivos,
pre-científicos, sobre los movimientos de los cuerpos celestes; tenía las
observaciones, pero no tenía ninguna teoría que las integrara. Al estudiante de hoy, en
cambio, se le enseña la teoría moderna del sistema solar a una edad muy temprana,
pero él no sabe prácticamente nada sobre las observaciones que condujeron a esa
teoría. El
conocimiento del pastor era primitivo, pero real; el conocimiento del niño
parece ser avanzado, pero es irreal – es decir, es un dogma memorizado sin ninguna
conexión con la evidencia.
Cualquier niño de primaria podrá decirte que
nuestro mundo es un planeta relativamente pequeño que gira diariamente y da una
vuelta alrededor del Sol una vez al año. Él se cree
lo que le dicen sus maestros, pero lo que le dicen no tiene ningún sentido para
él. Sigue viendo el mundo
como un lugar enorme donde cosas concretas se mueven, pero donde el mundo como
tal permanece fijo. De
hecho, el niño adopta la perspectiva de que hay "dos mundos": uno, el
mundo real de la experiencia; el otro, el extraño mundo que nos describen en
las clases de ciencias.
La mayoría de las conclusiones científicas
avanzadas que les enseñan a los niños en la escuela son verdaderas. Algunas
de ellas, desde luego, son muy dudosas (por ejemplo, muchas de las afirmaciones
hechas por ecologistas o por los cosmólogos del Big Bang), pero las falsedades esporádicas
no son el problema principal en las clases de ciencias. El
problema más serio es que el alumno no tiene cómo juzgar por sí mismo la
veracidad o falsedad de lo que le dicen. Como no
le han dado ninguna evidencia que él mismo pueda observar, ni ningún
razonamiento, todas las afirmaciones que escucha tienen la misma jerarquía en
su mente: son afirmaciones arbitrarias que tienen que ser aceptadas en base a una
autoridad.
Si el objetivo de las clases de ciencias es transmitir un verdadero entendimiento, entonces la Astronomía es un requisito previo para la Física. La esencia de los logros de Newton fue la integración de
la Astronomía con la Física terrestre para llegar así a las leyes universales
del movimiento y la gravitación. Un estudiante no puede captar la evidencia que existe
para esas leyes si no conoce la progresión que hubo desde las primeras
observaciones astronómicas hasta la teoría de Kepler sobre el sistema solar.
Un curso de Astronomía debe empezar describiendo lo que un observador ve cuando mira al
cielo. Si se les enseña la secuencia adecuada y en términos esenciales, a los
estudiantes les parecerá el tema fascinante y a la vez relativamente fácil de
entender, y les llevará a hacerse una serie de preguntas sobre por qué los
cuerpos celestes se mueven como lo hacen. Más tarde, las teorías
astronómicas les serán presentadas como formas de intentar responder a
preguntas que los propios estudiantes se
han formulado. Las teorías son posibles
soluciones a misterios intrigantes, y los estudiantes acaban finalmente comprendiendo
lo brillante que es la solución de Newton.
Cuando el estudiante acompaña paso a paso el
razonamiento que hicieron los grandes científicos, él consigue tanto un
entendimiento real del contenido como un conocimiento profundo del método. Mientras
aprende el contenido, va adquiriendo todos los aspectos esenciales del método
científico: aprende que el científico debe centrarse en identificar relaciones de
causa y efecto, no sólo en describir "regularidades"; aprende los
métodos a través de los cuales los científicos descubren relaciones causales;
aprende cómo la formación de nuevos conceptos como
"gravedad" llevan a descubrimientos cruciales, mientras que conceptos inválidos como "epiciclos" llevan al estancamiento; y aprende a apreciar
plenamente el poder de las matemáticas como el lenguaje que permite comprender el mundo físico.
Hoy en día, los estudiantes de ciencias son los receptores pasivos de ideas que no parecen venir de ninguna parte. El objetivo del
Falling Apple Science Institute es que los estudiantes se
desarrollen como pensadores que realmente comprenden las leyes que rigen el
universo, es decir, que entiendan el razonamiento que condujo a esas leyes. De hecho, el propio estudiante es quien descubre esas leyes, teniendo así esos momentos "¡Eureka!" que convierten a la ciencia en algo tan estimulante.